sábado, 2 de mayo de 2015

Tiempo fugaz



Nada es un siglo en el reloj del tiempo;
lento, fugaz, sutil al mismo tiempo,
como un tic tac de luz nacido y muerto.
Como cien pompas de jabón que al tiempo hicieran
cien soplos de vapor en un instante,
y les faltara el tiempo en que vivieran.
Casi no hay tiempo de rotar la esfera;
un siglo viene u y otro se deshace
a tiempo de saetas justicieras.
Nada es el tiempo que tiempo marcara
a la hora de tiempo afortunada,
pues pronto apareció la desgraciada
duplicándole el tiempo a la primera.
Nada es un siglo; el tiempo es la quimera
de ver parado el tiempo a tiempo muerto,
y el dejarlo pasar fuera de tiempo para
que juegue el tiempo a lo que quiera.


Víctor del Río

foto:ura-sevilla.blogspot.com

lunes, 27 de abril de 2015

GRACIAS, POETAS


                                          “¡Aquí estoy bien clavado!
                                            ¡Aquí morir es sano!”
                                                                         De “Moguer”
                                                                          J. R. Jiménez

Abrigo natural en roca viva,
cálido y soleado.
Llegué hasta aquí, pobre hombre primitivo
con un fardo de palabras sobre el hombro
por su peso agobiado.
Los otros moradores que ya había
me hicieron un espacio
y el corazón abrieron.

Gracias, poetas,
aquí  me quedaré,
para morir incluso el sitio es bueno.
Cerneré mis palabras temblorosas
para alumbrar mis versos
y grabarlos en la lisa superficie
de esta gruta rocosa
donde el clima es benigno.

Félix
……………

Resultado de imagen de abrigo de la rocaPequeño homenaje a la página literaria donde he venido publicando mis poemas y a los amigos que en ella tuve la suerte de encontrar.

foto: www.artehistoria.com

martes, 15 de julio de 2014

Fue paloma con alas



Fue paloma con alas.
Entre el llanto y la risa ella bailaba,
repartía sus perlas por el aire
caminando coqueta y atrevida.

Del manjar de su vida ella sabía.
En soledad paría,
entre lujuria y llantos, ella sola,
mas nadie nunca vio
las espinas y rosas de su alma,
su dolor era dulce.

Mecía con sus manos
albas y atardeceres.
Se sentía su canto y, con su voz,
la vida de su cántaro llenaba;
de gozo y alegría iba cubriendo
sus ganas de volar
y sentirse mujer.


Iorana (Maggie Carson)

sábado, 7 de junio de 2014

EN MI PUEBLO


Se ha entretenido el aire
soplando en los rescoldos del pasado.

Olor a chimenea, a humo, a enebro,
a resina, a musgo mentolado,
a esencia de mujer en día festivo,
olor que me devuelve las caricias y abrazos.

Se ha encendido el paisaje de mi pueblo
con puntitos de nieve destellante
que los rayos del sol van derritiendo
y en charcas por los prados van quedando.

Me encuentro renacido en los bosques,


embobado en su embrujo,
traspasado en el misterio de un silencio
roto solamente por el ronco graznido del ave
que lo lanzó escondida entre las brumas
y que del valle al cerro está vagando.

Ahora, de mayor ya no me atrevo
a resbalarme locuaz por los deshielos
y a tirarme en la parva de la nieve
para dejar mi silueta con un “santo”.

Pero corre de nuevo por mis venas
la hogareña alegría de encontrarme en mi pueblo;
otra vez con pasión siento el fuego,
otra vez con mi pueblo me encanto.

Víctor del Río


…………  fotos Imma Cauhé

miércoles, 7 de mayo de 2014

El día que naciste



En el parto, me partí de risa,
porque de lista, me olía la sinfonía,
beethoven había nacido ese día.

No el músico, el poeta arihuense,
y qué ruido el niño, ¡Madre mía!
Por megafonía llamaban a una chiquilla.

El silencio se hizo inmenso,
al salir el Docto comiendo nueces,
con la bata roída por ratones del techo.

Haikus descifraban a punta de timbales
unos enfermeros, en hospitales,
frente al recién nacido poeta.

Y una gaditana, de lejos, con dos locuelas,
hacían ruido, emocionadas y expectantes,
ansiando este instante de encuentro.

Entre Beethzar, el poeta amigo, hoy día,
Luci, la chiflada, María y yo,
unas nueces ricas, en tu compañía.


Luci

viernes, 4 de abril de 2014

El Gnomo Luel (Poesía Infantil)




Donde el polluelo se pierde
con su plumaje bajo el brazo,
él lo acerca a su agradecida madre;
donde a la ardilla le duele sus incisivos
él limpia con largos cepillos su boca;
donde lloran los gazapos huérfanos
él alimenta con mamaderas calientes;
donde el ave se hiere con púas de un cactus,
él sana con savia de la flor del alhelí;
donde la hiena triste no se ríe
él entre barbas, cuenta sus chistes.

Con vellones de oveja enredados en las cercas y
el pelaje de los zorrinos que pierde en sus cuevas,
teje sus largos calzoncillos, calcetines y camisetas.
Con su chaqueta verde y su gorro puntiagudo
se sienta en ese colchón de confortable nieve.
Ya, con su panza llena de setas y bellotas
a contemplar sonríe, rebosante de vivencias.
Girando su cabeza, en derredor, bien despacito,
se da cuenta de que gracias a él, la naturaleza está:
-¡¡¡Viva!!!...

(Exclama Luel, feliz a los cuatro vientos).

María Inés Arias